lunes, 18 de septiembre de 2017

Leyendo (XXXV)



¡Buenos días!

La apatía lectora se ha instalado en mi casa. La semana pasada debí empezar unas cinco o seis novelas de las que no leí más de veinte páginas. Algo me dice que no son ellas, soy yo.

Mis expectativas de recuperación están puestas en "Negras tormentas" de Teresa Solana, una historia corta, negra y con un punto de humor que llevaba años en las estanterías de casa. Crucemos dedos.

¡Feliz semana!








Quinto y último sorteo del aniversario del blog Entre mis libros y yo. Se sortea un ejemplar de lo nuevo de Franck Thilliez, "Pandemia".
Hasta 26 de Septiembre.
Bases.






Sorteo conjunto de "El día que se perdió la cordura" de Javier Castillo en los blogs de Entre mis libros y yo, De lector a lector, Leyendo en el bus y El búho entre libros.
Bases en cada enlace.






Mónica Serendipia nos alivia la vuelta a la rutina con el sorteo de tres ejemplares digitales de "Un cadáver muy frío" de Ana Bolox.
Hasta el 30 de Septiembre.
Bases.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

"Delirio", por Laura Restrepo.


Un hombre regresa a casa después de un corto viaje de negocios y encuentra que su esposa ha enloquecido completamente. No tiene idea de qué le pudo haber ocurrido durante los tres días de ausencia, y con el fin de ayudarla a salir de la crisis empieza a investigar, sólo para descubrir lo poco que sabe sobre las profundas perturbaciones escondidas en el pasado de la mujer que ama.

Narrada con talento y emoción, la historia principal de esta novela se fragmenta en otras que se anudan a través de personajes llenos de matices. la autora muestra en esta obra una energía narrativa fuera de lo común, en donde el suspense se mantiene hasta un final esperanzador que cierra una hermosa novela, bien construida, mejor contada y brillantemente desarrollada.



El delirio de Agustina vivía ya en ella mucho antes de que su marido la encuentre, muda y enloquecida, en una habitación de hotel. Su locura empezó antes de nacer, ya en la mente del abuelo Portulinos; y se cuajó a la sombra de la figura gigantesca de un padre riguroso y estricto y de una madre que asiste impertérrita a un catálogo inacabable de mentiras y falsedades. "Delirio" no es sino el compendio de secretos que cada familia bien barre y guarda bajo la alfombra. Pero contado como pocas veces lo hemos leído. Ahí reside su valor, y eso es lo que la convierte en una de mis mejores lecturas de estos últimos meses.

"Mentira mata mentira, dime si no es como para volverse loco."

Laura Restrepo se vale de una narrativa tremendamente densa para contarnos "Delirio". Y cuando digo "muy densa", lo digo en serio. En las más de trescientas páginas que la conforman, no hay una sola subdivisión en capítulos, y los párrafos se extienden a lo largo de varias páginas sin pausas. Los diálogos no se señalan en el texto a través de guiones o separaciones de ningún tipo, sino que nacen allá donde van a caer y se señalizan si acaso con una mayúscula. A eso hay que sumarle una sintaxis compleja, llena de oraciones yuxtapuestas, enumeraciones y localismos, y un vocabulario a ratos exuberante, a ratos barriobajero y sucio. Y como guinda del pastel, una alternancia de voces narrativas, que a su vez hacen uso indiscriminado de la primera, la segunda y la tercera persona; y que no vienen marcadas en modo alguno, por lo que es cosa tuya, lector, adivinar quién habla y en qué momento lo hace.

"Yo mientras tanto pensaba en ti, que es lo que hago cuando no quiero pensar en nada, le dice el Midas McAlister a Agustina, digamos que me fascina la textura que adquieres en el recuerdo, lisa y resbaladiza y  sin responsabilidades ni remordimientos, algo así como acariciarte el pelo, la pura sabrosura de acariciarte el pelo siempre y cuando eso pudiera hacerse sin consecuencias, mala pasada nos jugó Dios con eso de que una cosa lleva a la otra hasta que se forma la endiablada cadena que no para, te juro que el infierno debe ser un lugar donde te encierran con tus consecuencias y te obligan a lidiar con ellas."

Y así, entonces, ¿cómo consigue una lectora media, del montón, como yo, disfrutar de una lectura como esta de una forma tan brutal? Pues porque del mismo modo que la Restrepo se emplea escribiendo, también lo hace dándole vida a sus personajes. Y consigue que cada cual tenga su particular forma de expresarse, para que el lector no necesite nada más para ubicarle. Se alternan las voces de Aguilar, ese marido pusilánime, falto de empaque, que despierta en el lector pena y repulsión a partes iguales; la voz del Midas McAlister, con su complejo de niño pobre y la ternura con que se dirige a Agustina, pues sólo se dirige a ella cuando habla; el abuelo Portulinus, con la cabeza llena de música y ruido; la propia Agustina, de vuelta a su niñez, recordando las visiones y las ceremonias que llevaba a cabo con su hermano pequeño. Ya veis, una galería amplia de personajes, cada uno con su propia historia que se entrelaza con la de los otros, o se mete dentro o la provoca desde otro tiempo y otro lugar.

Como telón de fondo, una Colombia tomada por el negocio del narcotráfico, en la que Pablo Escobar ordena y manda. Sin excesivas alusiones, la autora logra meternos de lleno en un país azotado por la droga, las revueltas estudiantiles y la corrupción política, y aunque no se explicita la época, es fácil deducir que nos hallamos en los ochenta, en pleno auge del Cartel de Medellín. A través de los continuos saltos temporales, no sólo ahondaremos en los entresijos de los Londoño, sino también en los de un país largamente castigado en las tres últimas décadas del siglo XX.

Me ha recordado el estilo de Laura Restrepo, tanto en la forma como en el uso particular del realismo mágico, al de la española Cristina López Barrios, cuyas novelas siempre me han conquistado. Ambas escriben como si les desbordara la historia que quiere contar, y algún lector se puede sentir apabullado o incómodo ante ese uso del lenguaje tan exuberante. Pero es cierto que la historia, ese delirio de Agustina, te atrapa y te obliga a indagar en su origen.

En definitiva, si sois de los que os dejáis atrapar con las sagas familiares, si os gusta el realismo mágico, si os quedasteis con ganas de más "Cien años de soledad" (me perdonen los puristas la comparación pero mi mente es así, y hace estas asociaciones), o si simplemente os apetece arriesgaros y leer algo diferente, probad con esta. Yo repetiré con la autora, sin duda.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Leyendo (XXXIV)


 

¡Buenos días!

Ya me temía yo que septiembre iba a dar mucho de sí pero no en cuanto a lecturas. El comienzo del curso, que siempre conlleva que mi cabeza empiece a bullir y se centre en otros menesteres, acaba siempre por dejarme sin tiempo apenas para leer.

Así pues, aunque mi intención era empezar a leer la semana pasada "El músico de la lluvia" de Mar Mella, no he podido ni tocarlo, por lo que espero poder hacerlo en estos días.

También me llama a gritos desde la estantería una novela que compré hace unos días y que venía incluida en la colección de novela negra que suele publicar El País. Se trata de "Sin retorno", de Susana Rodríguez Lezaun. No conozco a la autora ni he oído hablar de la novela, pero la sinopsis resulta de lo más tentadora.

¡Feliz semana!



Sorteo "Septiembre" en el blog Bookeando con Mª Ángeles.
Bases.











Varios sorteos hay en marcha para celebrar el quinto aniversario del blog de Manuela, Entre mis libros y yo. En el tercer sorteo, un ejemplar de "Todos los días son nuestros" de Catalina Aguilar Mastretta (bases aquí) . En el cuarto sorteo, un ejemplar de "Hoy aún estamos vivos", Emmanuelle Pirotte, y un ejemplar de "Me llamo Lucy Barton" de Elisabeth Strout (bases aquí).












viernes, 8 de septiembre de 2017

"El señor de las muñecas y otros cuentos de terror", por Joyce Carol Oates.

El señor de las muñecas y otros cuentos de terror es una excepcional colección de relatos que nos atrapa desde la primera página. Historias que nos hacen vivir en medio de emociones intensas y a veces contradictorias, pero siempre con la sospecha de que lo que sucede entre los personajes, no es exactamente como lo percibimos. La intriga unas veces, y el terror otras, nos atraen sin remedio a través de la prosa limpia y ágil de la gran Joyce Carol Oates. En «El señor de las muñecas» un joven cuenta en primera persona su afición a las muñecas desde pequeño. Según van pasando los años, colecciona muñecas que encuentra en la calle. De repente el lector empieza a sentir una extraña incomodidad. En «Soldado» el acusado de un crimen racista, al que odia todo el país, afirma que sencillamente se defendió cuando una pandilla de adolescentes intentó atracarlo. Poco a poco vamos descubriendo lo que realmente sucedió. En «Accidente por arma de fuego. Una investigación», Harma, que tiene catorce años, recibe el encargo de su profesora preferida de cuidar su casa en la zona más elegante de la ciudad mientras ella está ausente. Pronto recibirá una visita. En «Ecuatorial», un matrimonio mayor emprende un viaje científico por las islas Galápagos. Una noche Henry convencerá a Audrey de que le acompañe a una de las cubiertas del barco. En «Mamaíta», Violet no se lleva bien con su madre, y pronto entabla amistad con Rita Mae Clovis, una compañera del colegio. Un día la familia de su amiga le mostrará a Violet su gran secreto. En «Misterios S. A.», el asesino se hace pasar por un cliente interesado en ediciones raras, y nos cuenta su entrevista con Aaron Neuhaus, el dueño de la librería, al que le ofrece unos bombones en los que ha inyectado una extraña sustancia.
Joyce Carol Oates nunca ha necesitado invocar otros mundos: este mundo es lo suficientemente terrible para ella. Terrence Rafferty, New York Times Book Review

Es muy posible que el blog de Atalanta, "Un libro juntoal fuego", sea uno de los que más libros ha puesto en mis estanterías. Comparto con ella mi afición por determinados géneros y autores, y además, tiene una capacidad innata para reseñar libros que me enganchan a primera vista, y recordarme otros tantos que quise leer en su día y que se fueron quedando atrás. Este que hoy os traigo es uno de ésos que se vino a casa antes siquiera de terminar de leer su reseña. Un volumen de relatos firmado por Joyce Carol Oates, una autora a la que descubrí el año pasado y de la que, sorprendentemente, me gustan sobre todo este tipo de escritos, por encima de sus novelas. Y aunque estos cuentos de terror no me han gustado tantísimo como lo hizo "Mágico, sombrío, impenetrable" (reconozco que era tarea difícil), he disfrutado mucho de esta incursión en el particular museo de los horrores de Oates.

Quizá la característica más llamativa, y nexo común de todos los relatos, es que como ya se deja caer en la sinopsis, Oates no necesita valerse de lo sobrenatural para meter el miedo en el cuerpo al lector. "Teme a los vivos", me decía siempre mi abuela. Pues justo de eso van la mayoría de estas historias: de la violencia que ejercemos, de un modo u otro, los vivos. Cada cual con su aderezo: un poco de literatura, una pequeña dosis de exotismo, algo de crítica social y el siempre necesario crimen perfecto. Y sobrevolando la lectura, una sensación de malestar, una incomodidad creciente que acaba en desazón al cerrar cada relato.

De todos ellos me quedo con "El señor de las muñecas", que da título a este volumen y que es, quizá, uno de los más tradicionales en su construcción y el más siniestro, a mi parecer, de los seis que lo componen. No le va a la zaga "Mamaíta", un cuento actual con el que Oates me ha invitado, personalmente, a enfrentarme a uno de mis mayores miedos infantiles. No sé cómo he quedado después de su lectura, pero juraría que peor que antes. No me ha acabado de gustar, sin embargo, "Ecuatorial", que me pareció una buena idea con demasiadas páginas. Sí me conquistó "Misterios S.A.", un magnífico colofón que se centra en el clásico crimen perfecto y que viene aliñado con una buena dosis de literatura de género negro, un "bocado delicioso" para los amantes de este.

Ya os imaginaréis que os invito a adentraros en estas seis historias, a paladear la inquietud que las protagoniza y a catar el estilo de Oates en versión breve que nada tiene que envidiarla a la faceta de la autora como novelista. Personalmente, como os decía, prefiero a la cuentacuentos. Y os invito también a visitar el blog de Atalanta, y a que vayáis con el bolsillo lleno y la mente abierta. Seguro que salís de allí con algo delicioso entre manos.

martes, 5 de septiembre de 2017

"El dolor que nos une", por David Mark.

Hay personas que harían cualquier cosa por los demás. Como Philippa Longman, una abuela de 53 años con una familia que la adora, marido, tres hijos, nietos pequeños, que solo desea llegar a casa después de su trabajo en la tienda en una noche calurosa y asfixiante. Como Roisin McAvoy, una jovencísima madre de corazón de oro, una mujer leal a su marido que protege a sus amigos con uñas y dientes. Como el sargento Aector McAvoy, un hombre obsesionado con proteger a los demás, ya sea a su familia del resto del mundo o a los habitaciones de Hull, Inglaterra, de una epidemia de crímenes violentos.

Hay personas que harían cualquier cosa para vengarse. pero hay rencores que nunca mueren, que son más fuertes que la bondad, y pronto estos tres espíritus afables aprenderán la misma lección: a las buenas personas también les suceden cosas malas.




Esta es una de ésas veces en las que uno se lanza a la aventura sin referencias de ningún tipo, dejándose llevar por una corazonada. Quise saber qué había detrás de esa chica que hace equilibrismos, de espaldas a nosotros, sobre la vía del tren. Y averiguar también qué tenía de especial su historia para que la publique dentro de su catálogo de Policíaca una editorial como Siruela. Y el resultado fue una sorpresa muy, muy grata.

"No todo el mundo es asesinado por alguna razón extravagante, sargento. a veces es tan simple como que hay gente estúpida u horrible, o directamente mala."

A pesar de esa imagen inicial, es un hombre el alma de "El dolor que nos une". El sargento McAvoy, que antes de esta ya ha protagonizado dos novelas más (autoconclusivas), un tipo enorme, con un estricto sentido de la moral, absolutamente atípico en su comportamiento, que para nada casa con el antihéroe que le pega a todos los vicios y que vive atormentado por su pasado. Vale, quizá sí hay un poquito de esto último, pero no pesa demasiado en la trama, no es, digamos, determinante a la hora de construir la personalidad del personaje. Flanqueando al bondadoso gigantón, dos mujeres de armas tomar: Roisin, su esposa, y Trish Pharaoh, su compañera, de la que yo me he enamorado completamente por todo lo que esconde tras su fachada de cabrona de primer orden. Y alrededor de ellos, un entramado de secundarios que no se limitan a ser meros figurantes. También en ellos invierte David Mark un pequeño espacio, para construirles y establecer nexos comunes entre ellos, convirtiéndolos más en personajes y menos en meras excusas al servicio del asesino.

Como telón de fondo una ciudad, Hull, tomada por el negocio de la droga, en la que las bandas campan a sus anchas creando un microcosmos que se rige por la coacción, la extorsión y el chantaje. Y sobre ella, un cielo plomizo, gris. Un calor grisáceo que da lugar a una atmósfera crispada, que se palpa en el aire y en las maneras de los habitantes de la ciudad. Una ambientación sencilla pero muy trabajada, que está presente de forma constante y que consigue crear inquietud y malestar.

Estamos ante una novela muy cuidada, como veis, en todos los aspectos. David Mark se toma su tiempo para construir, revelar, ambientar, sin perder el pulso narrativo, manteniendo una intriga que carece de ése ritmo vertiginoso que a veces esperamos en un thriller, pero que no decae en ningún momento. Bien hilada, coherente, pero sin giros bruscos ni imprevistos en exceso. "El dolor que nos une" se puede leer cómodamente sin haber leído las dos entregas anteriores, aunque es probable que si os animáis con esta, acabéis como yo, con las dos anteriores ya a buen recaudo.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Leyendo (XXXIII)




¡Buenos días!
Acaba un mes de agosto muy intenso, también en lo que a lecturas se refiere, porque han sido pocas pero de las que se quedan con uno durante mucho tiempo, y toca retomar el ritmo del blog. Septiembre es mi mes de enero particular y tengo tantas cosas que hacer estos días que me cuesta más encontrar ratos para leer. Así que he tirado de dos autoras que sabían que me echarían una mano.

Una de ellas es Rosa Ribas, con la que hace mucho que tenía una deuda pendiente, y de la que estoy leyendo "Don de lenguas". Las expectativas estaban altas y no me está decepcionando. Cuando acabe con esta, empezaré "El músico de la lluvia", la nueva novela de Mar Mella que ya me conquistó con su "Azul Vermeer" hace unos años.

¡Feliz vuelta al cole!





Lectora de tot sortea un ejemplar de "Olbido con b" de Laura Sala.
Hasta el 10 de septiembre.
Bases.









También en el blog de Lectora de tot, sorteo de un ejemplar de "Los hijos de la Atlántida" de Josep Capsir.
Hasta el 17 de septiembre.
Bases.





En El búho entre libros, sorteo de un ejemplar de "Las lágrimas de Claire Jones" de Berna González Harbour.
Hasta el 5 de septiembre.
Bases.





Laky, del blog Libros que hay que leer, sortea cinco ejemplares de "Me vuelves loco" de Isabel Keats.
Hasta el 16 de septiembre.
Bases.







Entre mis libros y yo está celebrando su quinto aniversario y tiene en marcha dos sorteos: un ejemplar de lo nuevo de Ken Follet (bases aquí) y otro de "Celeste 65", lo nuevo de José C. Vales (bases aquí).


miércoles, 16 de agosto de 2017

"Oso", por Marian Engel.


La joven e introvertida Lou abandona su trabajo como bibliotecaria cuando se le encarga catalogar la biblioteca de una mansión victoriana situada en una remota isla canadiense, propiedad de un enigmático coronel. Ansiosa por reconstruir la curiosa historia de la casa, pronto descubre que la isla tiene otro habitante: un oso. Cuando se da cuenta de que este es el único que puede proporcionarle algo de compañía, surgirá entre ellos una extraña relación. Una relación íntima. Inquietante. Nada ambigua. Gradualmente, Lou se va convenciendo de que el oso es el compañero perfecto, y emprende un camino de auto descubrimiento. En todos los sentidos. A pesar de las críticas que recibió por su controvertida temática, Oso ganó el premio Governor de literatura en 1976.




A veces me empeño en hacer cosas que no son las cosas que haría habitualmente. Como leer en pleno mes de agosto, con la cabeza funcionando a todo gas, una novela como "Oso", de Marian Engel. Una historia que es un viaje, no sólo a los paisajes de la hermosa Canadá, sino también al interior de Lou. No os asuste lo del viaje interior. O sí, más bien debería hacerlo. Porque el camino es bastante atípico, quizá excesivamente transgresor para según qué ojos. Todo dependerá de cómo tú lo entiendas.

La sinopsis desvela casi todo lo que ocurre, y sí, ocurre lo que podéis deducir. Hay una mujer y hay un oso, y una relación que se forja entre ellos y que a mí, aún a día de hoy, tras intentar digerir sus páginas desde mil ópticas, me sigue dejando en el limbo. No me ha escandalizado, no me ha asustado, no me ha producido ni miedo, ni asco, ni repulsión. Y no sé si eso debería preocuparme o la culpa hay que echársela toda a Marian Engel, que lo cuenta con una naturalidad y una belleza que cobran un mayor protagonismo que los actos en sí.

"Amaba al oso. Había en él unas profundidades que Lou no podía sondear, que no podía palpar ni destruir con los dedos del intelecto. [...] Era una enorme criatura viva, más vieja, grande y sabia que el tiempo, una criatura que por ahora era su criatura, pero que en el cualquier otro momento podría volver a su propio mundo, a su propia sabiduría."

En apenas doscientas y pico páginas, recorremos de la mano de Lou el trayecto que va de la bibliotecaria aburrida, frustrada, rígida, hasta la mujer que resurge en esa isla canadiense, entre libros y notas sobre osos, a base de transgredir las normas, a veces tan absurdas, que nos dirigen en el día a día. Aislada en la isla, la mansión del coronel se convierte en un fuerte, una trinchera tras la que Lou empieza a percibir que el mundo tiene otros colores, otros paisajes, menos cómodos pero más placenteros.

La prosa de Engel, como os decía más arriba, es en gran parte culpable de que seamos capaces de entrar en una historia como esta. Más allá de las escenas de Lou y el oso, narradas con una exquisita delicadeza, la autora canadiense se recrea en los paisajes de esa isla ficticia, en los colores del cielo y las aguas y la forma en que la luz incide sobre ellos, mientras desmonta y vuelve a montar a Lou, sin artificios. Me ha gustado especialmente la forma en que Engel echa el cierre a su historia, un colofón magnífico y muy coherente que, obviamente, os invito a descubrir por vosotros mismos.

Os invito a descubrir "Oso", a pesar de tratarse de una de ésas lecturas que por mil razones, no pueden recomendarse alegremente. Hay que sacudirse los prejuicios y querer viajar con Lou, querer hacerlo de verdad, a su ritmo, de la mano. 

lunes, 14 de agosto de 2017

Leyendo (XXXII)


¡Buenos días!

No es la primera vez que veis asomar por aquí a la autora Tana French, ni tampoco a los personajes que protagonizan mi lectura de esta semana: la detective Conway y su compañero de fatigas, Steve Moran. Ya reseñé aquí "Un lugar secreto", una novela que a pesar de los "peros", me dejó un regusto muy agradable, así que vuelvo a encontrarme con ellos en esta "Intrusión" que publicó Alianza esta misma primavera.

Me encanta la forma de narrar de esta autora y tengo que decir que estoy disfrutando mucho de la novela, que comparte con las anteriores que leí de French esa cadencia lenta, un peculiar manejo de la intriga y una sólida construcción de los personajes. Mucho me temo que acabaré recomendando también esta.

¿Qué leéis vosotros?



martes, 8 de agosto de 2017

"Desaparecido", por C. L. Taylor.



Cuando Billy Wilkinson, de 15 años, desaparece en mitad de la noche, su madre, Claire, se culpa a sí misma. No es la única en hacerlo. No hay un solo miembro de su familia que no se sienta culpable, y los Wilkinson están tan acostumbrados a guardar secretos entre ellos que la verdad no empieza a salir a la superficie hasta seis meses después.



Claire está segura de que sus amigos y su familia no tienen nada que ver con la desaparición. el instinto de una madre nunca se equivoca... ¿O sí?





¿Cuántas familias resistirían la desaparición de un hijo sin que se resquebrajaran sus cimientos? Ese es el planteamiento de "Desaparecido", de C. L. Taylor, una novela que apuesta por ir más allá del thriller puro y duro, del quién lo hizo y por qué, y pone el foco en los entresijos del núcleo familiar, ése que a todos se nos antoja de hormigón armado y que quizá, al final, no sea tan inquebrantable como pensamos.

Y es que transcurridos seis meses de la desaparición de Billy, el pequeño de los Wilkinson, la vida insiste en volver a su cauce habitual. Hay que retomar las obligaciones laborales, familiares, conyugales; hay que continuar bregando porque los medios de comunicación, sometidos a la última hora, no olviden al niño perdido. Y en medio de esa vorágine está Claire, la madre, la piedra angular de cada casa.

La mayor virtud de "Desaparecido", como os digo, es que sin abandonar la esencia del género, la del enigma sin resolver, sabe ampliar sus horizontes y ahondar en sentimientos como la pérdida, la soledad o la culpa. Especialmente en esta última. De forma inevitable, todos los que soportan la ausencia de Billy, se sienten al mismo tiempo responsables en parte. Y gracias a la narración en primera persona, a través de la que C. L. Taylor da voz a Claire, ahondamos especialmente en el rol de una madre que lucha ya no sólo por recuperar a su hijo perdido, sino porque su familia no acabe de desmoronarse.

"Me entran ganas de zarandear a mi yo de dieciocho años. Eso no era miedo. Hasta que no tienes hijos no sabes lo que significa verdaderamente el miedo."

La autora se esmera en construir unos personajes solventes, seres con volumen, que dependiendo de cómo miremos, percibiremos con más o menos sombras. Padres, hijos, hermanos con debilidades y miedos. "Desaparecido" nos obliga a enfrentarnos también, a los que somos padres, a la cada vez más difícil adolescencia, a la falta de conocimiento acerca de nuestros propios hijos, al miedo de todo padre a que haya algo más tras la actitud desafiante que muchas veces preferimos achacar a la edad. A través de Claire, entendemos (o recordamos) que el miedo adquiere una nueva dimensión cuando llegan los hijos, y que de nada sirve la sobreprotección, el castigo o el miedo permanente.

Como veis, ha sido una lectura que he disfrutado, que se sale un poquito de los raíles del thriller más convencional, y nos otorga una novela más pausada de lo que esperaba y también más compleja, especialmente en el plano emocional.

lunes, 7 de agosto de 2017

Leyendo (XXXI)


¡Buenos días!

¿Quién dijo que para el verano, lecturas ligeritas? Aquí estoy yo, enredada en dos lecturas que no me lo están pareciendo en absoluto. 

Por un lado, estoy leyendo "La granja" de Tom Rob Smith, una novela negra con un planteamiento que me encantó pero que aún no sé muy bien hacia donde quiere llevarme.
Y le ha llegado el turno también a "Oso" de Marian Engel, una historia controvertida y muy peculiar que todavía no sé bien cómo voy a digerir.

Os contaré mis impresiones ya en septiembre, pues aunque espero publicar alguna reseña que tengo pendiente esta semana, después me tomaré unos días para desconectar del mundo y coger un poquito de aire.

¡Felices lecturas!




En en blog de Las Inquilinas de Netherfield, sorteo de un ejemplar en papel más DVD de "Orgullo y prejuicio".
Bases.








En el blog Libros que voy leyendo, sorteo de "El peón del rey" de Alma Sampedro.
Bases.

martes, 1 de agosto de 2017

"Hija única" por Anna Snoekstra.

A sus dieciséis años, Rebecca Winter estaba disfrutando del mejor verano de su vida: ganaba algún dinero en un restaurante, tonteaba con un chico mayor y compartía confidencias con su mejor amiga. Hasta que empezaron a sucederle cosas extrañas, como notar una presencia en su dormitorio o sentirse observada. Pese a todo, Bec no fue consciente de lo que le iba a ocurrir... hasta que un día se esfumó sin dejar rastro.

Más de una década después, una joven asegura ante la policía ser la Bec desaparecida y pronto se encuentra viviendo su vida. Abrazando a sus padres. Aprendiendo los nombres de sus amigos. Jugando con sus hermanos pequeños. Pero quizá ni la acogedora familia ni los entusiasmados amigos de Bec sean lo que parecen. Porque mientras comienza a sumergirse en la personalidad de la auténtica Rebecca Winter, la impostora descubre que quien la hizo desaparecer aún anda suelto. Y ella puede estar en peligro inminente.

"Hija única", de Anna Snoekstra, atrapa desde la portada. Esos dos rostros, de facciones similares y gesto desafiante, pertenecen, suponemos, a Rebecca Winter, la joven desaparecida en 2003, y el de la impostora que se hará pasar por ella once años más tarde. Tal como promete la sinopsis, ambas compartirán el mismo hogar, los mismos amigos, y frecuentarán los mismos lugares. E inevitablemente, esa impostora está condenada a descubrir qué le pasó realmente a Bec antes de que acabe sucediéndole lo mismo a ella.

Mentiría si dijera que la novela me ha conquistado plenamente. Me ha resultado entretenida, pero reconozco que me cuesta cada vez más comulgar con la forma de vender este tipo de novelas. No estamos ante un debut deslumbrante, por mucho que lo diga The Daily Mail. La prosa de la autora es corriente, correcta y acorde con el tipo de historia que está contando, sin más. La trama se arma en dos líneas temporales, cosa que tampoco resulta especialmente novedosa, y ambos personajes están construidos con los elementos justos. Conoceremos algo más profundamente a la auténtica Rebecca y apenas sabremos nada de la impostora, en la que reconozco, me habría gustado indagar más. Las pinceladas que la autora da al respecto de su pasado se me antojan insuficientes para justificar lo que hace y el modo en que lo hace. Tampoco sabemos demasiado de los personajes secundarios, a pesar de que todos ellos exhiben algunas actitudes realmente inquietantes, que funcionan durante la narración pero que al final se quedan colgando, sin saber el por qué de muchas de ellas.

Quizá el mayor acierto de "Hija única" sea, a mi parecer, que se va volviendo más siniestra conforme avanza hasta llegar a un final que me ha gustado aunque no acabe de estar bien justificado. Pero es al menos diferente a lo que estamos acostumbrados. No explica, sin embargo, algunos de los pasajes que hemos ido encontrando por el camino, como ciertos elementos "sobrenaturales" que no encajan en la historia y de los que la autora podría haber prescindido sin variar un ápice el curso de la trama.

Si habéis llegado hasta aquí, supongo que tenéis la sensación de que la novela no me ha gustado. Y no es así, a pesar de las sensaciones que aquí recojo. Me ha resultado un entretenimiento efectivo, me enganchó y lo pasé bien leyéndola. Pero no ha resistido el reposo de un par de días, ese que a veces nos permite ver la historias con otra luz, volver atrás y ver cómo queda en conjunto. Y ahí, por más que miro, veo demasiados flecos colgando mientras que las buenas sensaciones se van diluyendo. No sé si a vosotros os pasa esto, que los días os hacen ver de otro modo las novelas que cerrasteis con una sensación determinada, pero ha sido lo que a mí me ha ocurrido con esta "Hija única".

miércoles, 26 de julio de 2017

"Los ángeles de hielo", por Toni Hill.

Barcelona, 1916. A sus veintisiete años, Frederic Mayol ha dejado atrás una vida cómoda en la esplendorosa Viena y la traumática participación en una guerra que sigue asolando Europa. Psiquiatra y seguidor de las teorías psicoanalíticas, se enfrenta a su futuro puesto en un sanatorio ubicado en un tranquilo pueblo pesquero cercano a Barcelona, un enclave perfecto para superar los horrores vividos en el frente. Pero la clínica y sus alrededores no resultan ser tan idílicos como pensaba. Las sombras de un siniestro pasado se ciernen sobre los ángeles que decoran la fachada del edificio, como si quisieran revivir los acontecimientos que sucedieron en la casa siete años atrás, cuando el lugar era un prestigioso internado para jovencitas de buena familia que cerró sus puertas después de un trágico incendio.


Atrapado entre el anhelo de desvelar el misterio que se esconde entre los muros del caserón y el amor que siente por Blanca, una de las antiguas alumnas del colegio, Frederic deberá enfrentarse a una perversa historia de obsesiones y venganzas hasta llegar a una revelación tan sorprendente como desoladora. Porque la verdad, aunque necesaria, no siempre supone una liberación; a veces incluso puede convertirse en una nueva condena.

De Toni Hill había leído su trilogía protagonizada por el inspector Salgado, una trama puramente policíaca de la que disfruté mucho en su momento. El año pasado, cuando se publicó “Los ángeles de hielo”, me sorprendió muchísimo el giro del autor hacia la novela más gótica y oscura y quise comprobar por mi misma qué tal se desenvolvía en este nuevo terreno. Aunque el libro ha esperado más de un año en la estantería, al fin este verano he encontrado el momento para leerla, y debo decir que ha sido una grata experiencia, aunque con algún “pero”.

Imagino que es difícil y arriesgado montar una novela de esta envergadura sobre las bases de un género cuyos espacios han sido visitados tantas veces antes. El internado para niñas bien de principios de siglo ha sido ya mil veces escenario de espeluznantes historias, así que hay que aplaudir a Hill por acomodarse, con tanto acierto, es un lugar a priori tan trillado. A través del diario de Águeda, directora del centro, iremos conociendo los avatares de las niñas y profesores que lo habitan, una convivencia que se verá alterada por la llegada de Griselda, una alumna extraña e inquietante. Ha sido esta mi parte favorita de la novela: a través de la narración en primera persona y la ambientación del lugar, Hill consigue ponerte la piel de gallina en más de una ocasión, y recurre de nuevo con acierto al clásico recurso de hacernos dudar del narrador, al estilo de Henry James en “Otra vuelta de tuerca”.

Se alternan estos capítulos con otros narrados por un narrador omnisciente, protagonizados por Frederic Mayol, que trabaja como psiquiatra en el sanatorio mental que unos pocos años atrás albergó el internado.  De esta parte, me quedo sin duda con los personajes secundarios que pululan por el sanatorio, especialmente con un par de pacientes que resultan de lo más siniestros.

Muy cuidada resulta también la ambientación que hace de telón a esta historia, ofreciendo pinceladas de una Barcelona de principios de siglo en la que conviven las inquietudes intelectuales y el miedo a una guerra que ya ha empezado a hacer estragos en Europa, especialmente en Viena, donde vivió Mayol antes de su llegada a la ciudad condal.

A pesar de su larga extensión, la novela se lee con fluidez, la prosa de Hill es cómoda y sencilla y la trama es tan compleja que siempre anima a seguir leyendo a pesar de alguna pequeña bajada de ritmo. Sin embargo, al alcanzar la última parte, la novela busca un último giro imposible que, al contrario de lo que pudiera parecer, resulta previsible y hace que se pierda el interés justamente cuando la trama debería estar en su punto álgido. Un desenlace que me ha dejado un sabor agridulce.


No sirve ese final, en todo caso, como menoscabo para una novela bien armada, bien narrada y con un elenco muy interesante de personajes. Una novela que se agarra al juego de hacernos dudar entre distintas percepciones de la realidad, entre la cordura y la locura, para regalarnos unas horas de estupendo entretenimiento.

lunes, 24 de julio de 2017

Leyendo (XXX)





Buenos días.

Esta semana estoy leyendo "El dolor que nos une" de David Mark. Es una novela de la colección policíaca de Siruela, la tercera de la saga protagonizada por el sargento McAvoy. Voy un poco a ciegas porque no he leído ninguno de los anteriores y no tengo referencia alguna, pero el sábado estuvo de oferta en kindle y me hizo tilín. Por el momento muy entretenido y sin dificultades para seguir el hilo, o sea que puede leerse cómodamente de forma independiente.

A lo largo de la semana espero traeros mi reseña de "Los ángeles de hielo" de Toni Hill.

Y vosotros, ¿qué leéis?







Tercer sorteo del mes Austen en el blog de Las Inquilinas de Netherfield. Esta semana "Mansfield Park".
Bases.

miércoles, 19 de julio de 2017

"El cuento de la criada", por Margaret Atwood.

Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. 

En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela —o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir— le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el supuesto mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo.

Los peligros inherentes a mezclar religión y política; el empeño de todo poder absoluto en someter a las mujeres como paso conducente a sojuzgar a toda la población; la fuerza incontenible del deseo como elemento transgresor: son tan sólo una muestra de los temas que aborda este relato desgarrador, aderezado con el sutil sarcasmo que constituye la seña de identidad de Margaret Atwood. Una escritora universal que, con el paso del tiempo, no deja de asombrarnos con la lucidez de sus ideas y la potencia de su prosa.

Nolite te bastardes carborundorum
<<No dejes que los cabrones te hagan polvo>>

Creo que es justo decir, primero de todo, que mi visión de “El cuento de la criada” viene condicionada por el hecho de haber leído la novela de Margaret Atwood prácticamente al mismo tiempo que veía la adaptación televisiva creada por HBO. No hace falta, ya lo sé, que os hable del poder de la pantalla. Pero es que en mi caso, es imposible entender la novela sin tener en cuenta, por ejemplo, el impresionante trabajo que hace Elisabeth Moss metiéndose en la piel de Defred, y que a mí me ha servido para entenderla de otro modo, para sentir la novela de Atwood con una intensidad que es difícil alcanzar solamente a través de su lectura. Quizá también porque, en contra de lo que estamos acostumbrados, la serie se atreve a explorar aspectos de los personajes que no llegan a tratarse en el libro, pero lo hace, en todo momento, respetando el arco argumental propuesto por la autora para ellos. Así que sobra decir que os recomiendo ambas, novela y adaptación televisiva, y que inevitablemente aquí, en mis impresiones, se entremezclarán una y otra.

“Me gustaría creer que esto no es más que un cuento que estoy contando. Necesito creerlo. Debo creerlo. Los que pueden creer que estas historias son sólo cuentos tienen mejores posibilidades.”

Cuenta Margaret Atwood en el prólogo de “El cuento de la criada” que cuando escribió la novela, allá por 1984, tenía claro que no ocurriría nada en su mundo distópico que no hubiese ocurrido ya antes en el mundo real. Cierto es, como ella misma reconoce, que para alguien que nació en 1939 no es difícil imaginar el derrumbe de un sistema político, de una nación, en aras de un supuesto bien común. Así pues, no existe nada en Gilead que no exista en nuestro mundo. De hecho, el mayor acierto de esta historia es ese: que hoy día, más de treinta años después de su creación, la historia de Defred nos remite cada vez más al mundo en que vivimos. Porque sigue habiendo mujeres sometidas, mutiladas, violadas, violentadas de algún modo en distintos lugares del mundo. Porque la condición sexual sigue siendo motivo de muerte en algunos países. Porque la religión sigue controlando las vidas de muchos, aún en contra de su voluntad. Porque como June, Luke y Hannah, miles de familias tratan de alcanzar fronteras cargadas con sus hijos en los brazos, en busca de un lugar mejor.

“Hay más de una forma de ser libres, decía Tía Lydia. Puedes gozar de algunas libertades, pero también puedes liberarte de ciertas cosas. En los tiempos de la anarquía, se os concedían ciertas libertades. Ahora se os concede vivir libres de según qué cosas. No lo menospreciéis.”

Narrada en primera persona por la propia Defred, que aún alcanza a recordar el tiempo en que fue libre, cuando se llamaba June, antes del centro de adiestramiento, y que ahora trabaja como criada en casa de los Waterford. Allí habita despojada de toda identidad, el régimen decide qué ropa debe vestir, con quién debe hablar y qué día del mes deberá ser violada, con fines únicamente reproductivos y en presencia de la esposa, por el comandante y cabeza de familia.


Atwood construye una sociedad que nada tiene que envidiar a la que Orwell creó en “1984”, donde la mujer es sólo un recipiente que debe ser usado para la procreación, sin derechos de ningún tipo, donde se les prohíbe incluso leer. La atmósfera resulta opresiva, realmente aterradora en algunos pasajes, y cobra vida en la versión televisiva gracias a una espectacular fotografía y, de nuevo, a lo que hace Elisabeth Moss con Defred y que, me apuesto lo que sea, le valdrá un Emmy el próximo mes de septiembre.

“No quiero sentir dolor, no quiero ser una bailarina ni tener los pies en el aire y la cabeza convertida en un rectángulo de tela blanca, sin rostro. No quiero ser una muñeca colgada del Muro, no quiero ser un ángel sin alas. Quiero seguir viviendo, como sea. Cedo mi cuerpo libremente para que lo usen los demás. Pueden hacer conmigo lo que les venga en gana. Por primera vez siento el verdadero poder que ellos tienen.”

No es “El cuento de la criada” una lectura amable, en ningún sentido. Se suma a lo duro de su temática el desarrollo, deliberadamente lento, lo reflexivo en ocasiones del monólogo de Defred y la prosa, cuidada y riquísima, a veces punzante e irónica, de Margaret Atwood. Pero bien merece la pena abordarla sin prisas, degustar despacio la progresión de Defred, porque al final, hay cosas que ningún gobierno, por poderoso y despótico que sea, puede frenar. Y bajo la toca y el vestido rojo que anula la identidad de Defred, resurge una June que batalla contra sí misma, contra el miedo y el deseo, contra las ganas de pelear, que pugnan por hacerse oír en un mundo en el que la única actitud aceptable es la resignación.

 “El miedo es un estimulante poderoso. Entonces llamaba a la puerta con suavidad, como lo haría un pordiosero. Siempre temía que él se hubiera ido; o, peor aún, que no me dejara entrar, que me dijese que no quería seguir quebrantando las normas, que no quería estar con la soga al cuello por mi culpa. […] Que nunca llegase a hacer nada de eso me parecía de una benevolencia y una fortuna increíbles. Ya te he dicho que el asunto se ponía feo.”

Ya veis que a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación original, estamos ante una novela cuyos argumentos siguen más vigentes que nunca, y quizá por eso le ha tocado volver a la palestra. Pero independientemente de los motivos, siempre es una suerte para el lector que se recuperen historias como esta, más en este caso, en el que además contamos con una adaptación televisiva mimada hasta el extremo, que ha contado incluso con el asesoramiento de la propia Atwood. Leedla. Y vedla. 

lunes, 17 de julio de 2017

Leyendo (XXIX)





¡Buenos días!

Este pasado fin de semana comenzamos la lectura conjunta de "Hija única" de Anna Snoekstra, un thriller que promete ser muy entretenido y al que me dedicaré esta semana. Combinaré su lectura con los relatos de "El señor de las muñecas y otros cuentos de terror" de Joyce Carol Oates.

Espero también traeros, a lo largo de la semana, mi reseña de "El cuento de la criada" de Margaret Atwood, una de mis mejores lecturas de este año.

Y vosotros, ¿qué léeis?



Continúa el homenaje a Jane Austen en Netherfield, esta semana con el sorteo de "Juicio y sentimiento".
Bases.









Lectora de tot sortea un ejemplar de "La luna en las minas" de Rosa Ribas.
Bases.