viernes, 19 de enero de 2018

"El motel del voyeur", por Gay Talese.

Poco antes de la publicación de La mujer de tu prójimo, Gay Talese recibió una carta de un misterioso hombre de Colorado que le hacía partícipe de un secreto sorprendente: había comprado un motel para dar rienda suelta a sus deseos de voyeur. En los conductos de ventilación había instalado una «plataforma de observación» a través de la cual espiaba a sus clientes.

Talese viajó entonces a Colorado, donde conoció a Gerald Foos y pudo comprobar con sus propios ojos la veracidad de la historia. Además, tuvo acceso a algunos de sus muchos diarios: un registro secreto sobre el cambio producido en las costumbres sociales y sexuales de su país. Pero Foos había sido también testigo de un asesinato, y no lo había delatado. Tenía, pues, muchos motivos para permanecer en el anonimato, y Talese pensó que esta historia nunca vería la luz.

Hoy, treinta y seis años más tarde, Foos está listo para hacerla pública y Talese puede darla a conocer. El motel del voyeur es una extraordinaria obra de periodismo narrativo que abre un intenso debate ético, y uno de los libros de los que más se ha hablado en los últimos años.

El 7 de Enero de 1980, el prestigioso periodista estadounidense Gay Talese recibió una carta escrita a mano, enviada por correo exprés y sin firma, en la que su  autor afirmaba haber comprado un motel, quince años atrás, destinado a satisfacer su curiosidad como voyeur. Más concretamente, para estudiar el comportamiento sexual de la especie humana en la intimidad de sus dormitorios. En aquel momento, Talese estaba a punto de publicar "La mujer de tu prójimo", en el que estudiaba el negocio del sexo  en Estados Unidos, y que más tarde vendería millones de ejemplares en todo el mundo.  
Algo incrédulo, pero azuzado por el instinto, Talese respondió a la misiva ofreciéndole un encuentro al misterioso voyeur. Así comienza la relación entre Talese y Gerald Foos, que se encontraron varias veces a lo largo de las décadas posteriores y que culmina en este "El motel del voyeur".

Como podéis entrever, no estamos ante una novela al uso, sino ante un extenso reportaje sobre la figura de Foos y todo lo que este observó a lo largo de los años, valiéndose de los agujeros, simulados bajo rejillas de ventilación, que practicó en varios de los dormitorios de su propio motel. Y aunque así, a bote pronto, suene todo bastante espantoso, lo cierto es que el relato de Talese te atrapa, y te obliga a preguntarte cuánta razón tiene Foos al afirmar que dentro de cada uno de nosotros hay un voyeur en potencia.

- ¿Cómo le gustaría que le describieran en la prensa cuando haga pública su historia? - quise saber.
- Espero que no me describan como un pervertido o una especie de mirón - dijo -. Me considero un "pionero de la investigación sexual".

Foos se tomó tan en serio su papel que recopiló toda la información que iba extrayendo de sus observaciones en decenas de cuadernos. Unas observaciones que le condujeron, a su vez, a una serie de conclusiones más o menos acertadas, pero sin duda, llamativas. Al final, el voyeur acaba revelándose como un ser casi superior...

" ...a veces se presentaba como historiador social, un pionero de la investigación sexual, alguien que denunciaba la corrupción de la sociedad, un solitario, alguien con doble personalidad, y un crítico resulto a sacar a la luz las hipocresías y apetitos ocultos de sus contemporáneos"

Y es que, ante todo, el relato de Foos, más allá de las peripecias sexuales de sus huéspedes, es un recorrido por el pensamiento y la práctica sexual a través de varias décadas. Asistimos a la irrupción de la píldora, a la supuesta liberación a la que condujo; el aborto, el sexo interracial o la normalización de prácticas entre personas del mismo sexo... A través del tiempo, los criterios morales en lo que respecta al sexo se van redefiniendo, las conductas antaño tachadas de perversión se van incorporando a lo habitual. Un recorrido curioso, cuando menos, y que sirve también para ver, tal como lo hace el voyeur, desde fuera, nuestra propia hipocresía y falsedad a través de los actos de los que son observados.

No es una lectura para recomendar alegremente, pero sí tengo que confesar que a mí me ha hecho pasar un rato entretenido y que me ha parecido, como poco, curiosa y atractiva. 

martes, 16 de enero de 2018

"Al envejecer, los hombres lloran", por Jean - Luc Seigle.


El 9 de julio de 1961 es un gran día para la familia Chassaing y los habitantes del pequeño pueblo en el que viven: hoy llegará el primer televisor al lugar, y el novedoso aparato les traerá las imágenes del hijo mayor, Henri, destinado a la guerra de Argelia. Todo el mundo está invitado al gran acontecimiento que marcará las vidas de estos recién nacidos telespectadores.

Durante el día en el que transcurre la novela, el lector se enfrenta a la muerte, el adulterio, la mentira, y a una revelación en la que la Historia en mayúscula se mezcla con la historia de una familia que ya no volverá a ser la misma.



"Un obrero es como un viejo neumático,
cuando revienta,
ni reventar se le oye."
Jacques Prévert, Citroën, 1933
Poema en apoyo a la Huelga de los obreros.

Empieza esta novela con esa cita del Poema en apoyo a la Huelga de los obreros, escrito por Jacques Prévert en 1933. Mi padre ha sido obrero toda su vida. Mis abuelos trabajaron en el campo, siempre para otros, y se los comieron a turnos el frío, el sol y el hambre. No sé si eso justifica que ese cita inicial me provocase un vuelco en el estómago. Sí sé que empecé la novela al borde de las lágrimas, y del mismo modo la terminé.

" Era la primera vez que pensaba en la felicidad al mismo tiempo que en terminar su vida. Quizá porque ese deseo del fin estaba arraigado en él desde hacía mucho tiempo, como una bala que se hubiera alojado en su cuerpo sin matarlo. En Albert, la bala imaginario estaba alojada muy cerca de su corazón."

Jean - Luc Seigle nos sitúa en el 9 de Julio de 1961, el día en que se desarrolla, a lo largo de sus 236 páginas, esta historia. Amanecemos junto a Albert, nos asomamos a su rostro poblado de sudor, a la quietud de su dormitorio y su hogar, en el que todos duermen menos él. Albert mira a Suzanne, que permanece inmóvil al otro lado de la cama. Piensa en su madre, esa anciana frágil que posiblemente habrá pasado la noche con los ojos abiertos como platos. Piensa en su hijo Gilles, el que lee a todas horas pero no se apaña con la ortografía. No piensa en Henri, su hijo destinado en la guerra de Argelia.

Enseguida llega la mañana en todo su esplendor, y recorremos el día en que el televisor llegará al hogar de los Chassaing, una pantalla que les permitirá asomarse a la guerra y recuperar el rostro de su hijo. Y así discurren la tarde, el crepúsculo, la noche y la mañana del día siguiente.

Estructura en siete partes que recorren las distintas fases del día, Jean - Luc Seigle se vale de una narración sencilla, dotada de una intensa intimidad, para hablarnos de la pérdida, el deseo, la necesidad de amar y ser amado o la imposibilidad de retener el tiempo que se va. Es imposible no caer rendida a los pies de un personaje como Albert, el sereno padre de familia, que esconde bajo su apariencia imperturbable una bala imaginaria que se esfuerza por mover, a ver si por fin le alcanza el corazón. A Albert le cuesta tanto sostener su pasado como su presente, del futuro ni se habla.

A su alrededor orbitan el resto de personajes de la novela: la esposa, Suzanne, rejuvenecida e inexplicablemente más bella tras la partida del hijo, quizá porque necesita volver a cuidar de sí misma para no volverse loca;  Gilles, el entrañable hijo pequeño, al que las frases del "Eugène Grandet" de Balzac se le antojas sinuosas, pero que se esfuerza por seguirlas; la apacible Madeleine, tan frágil...
Una galería de personajes y escenas, como esa en la que Albert entra en el dormitorio de su madre para asearla por primera vez, que hacen que sea esta una lectura que merece la pena abordar. Sólo por ese instante, por ese puñado de páginas, ya os diría que la leáis. Pero es que hay más. Hay unos personajes tan humanos, tan de verdad; hay ternura, hay tristeza, pero también hay un canto a la esperanza, a la posibilidad real, por remota que parezca, de salir adelante. Aunque para ello haya que dejar ir al niño que fuimos.

Tengo que darle las gracias a mi amiga Ana, del blog Cuéntame algo...  mejor, escríbemelo, que puso en mis manos esta historia. De todas las cosas buenas que tiene este mundo virtual de lecturas,lo mejor sin duda es encontrarse con gente como tú en el camino.

lunes, 15 de enero de 2018

Leyendo (III)


¡Buenos días!

El sábado terminé de leer "Respirar por la herida", de Víctor del Árbol. Lo acabé como acabo normalmente las novelas de este autor, bastante tocada emocionalmente. Así que para esta semana he elegido una lectura mucho más ligera y, espero, un poco feelgood, para sacudirme un poco las sensaciones de la anterior.

Y como sigo empeñada en rescatar libros de mis estanterías, le llegó el turno a "Palabras que nunca te dije", de María Martínez, una autora con la que me encuentro por primera vez pero que me han recomendado mucho.

¡Feliz semana!




Natàlia, del blog Perdida entre mis libros, celebra su segundo aniversario con un sorteo.
Bases.





Pedro, del blog El búho entre libros, sortea un ejemplar de "Expediente Ananda" de Nacho López.
Bases.

miércoles, 10 de enero de 2018

"Eleanor Oliphant está perfectamente", por Gail Honeyman.


Nadie le dijo a Eleanor que la vida podía ser mejor.
Eleanor Oliphant siempre dice lo que piensa. Lucha por dejar de ser alguien con pocas habilidades sociales. Se ha preparado un calendario vital cuidadoso y estricto para evitar interacciones sociales: los fines de semana los pasa sola comiendo pizza congelada y bebiendo vodka y todos los miércoles habla con su madre. Pero todo cambia cuando Eleanor conoce a Raymond, el informático de la oficina. Juntos abandonarán la soledad en la que han estado viviendo.

Una novela cálida y elegante. La historia de una heroína fuera de lo común, cuya inexplicable rareza e ingenio descarado la llevará a darse cuenta de que la única manera de sobrevivir en el mundo real es abriendo su corazón a la amistad.


Eleanor Oliphant está perfectamente, a pesar del par de litros de vodka que se mete los fines de semana entre pecho y espalda. Pero eh, está perfectamente. No le afecta en demasía ser el hazmerreír ocasional de algunos de sus compañeros de oficina. Y le importa un bledo la cicatriz que le cruza la cara. Eleanor es una desertora de las convenciones sociales, una amante de los zapatos planos que cierran con velcro y de la buena ortografía.  Eleanor es también una superviviente nata, una mujer que se ha sobrepuesto, a su manera, a cosas que a cualquiera de nosotros nos habrían matado de pena. Así que podríamos decir que sí, que está perfectamente.

Gail Honeyman construye un personaje del que es imposible no enamorarse, que te atrapa desde la primera página. Eleanor es una rareza, una mujer de treinta años que vive sola, en el sentido más amplio y literal de la palabra. Y que quiere vivir así, porque es la única forma de sentirse a salvo. Hasta que un pequeño problema con su ordenador la conduce hasta Raymond, el técnico de la oficina. Un tipo noble, pelín desastroso, fumador empedernido. La antítesis de nuestra pulcra y organizada Eleanor.

De la mano de una prosa sencilla y amable, recorremos el día a día de Eleanor y, a partir de su encuentro con Raymond, recorreremos también parte de su duro pasado. Una pequeña dosis de intriga, mucho humor y mucha ternura pueblan el periplo de nuestros protagonistas, ante los que se abre también un nuevo camino en el que Eleanor deberá explorar la sensación de tener alguien a su lado, que se preocupe y cuide de ella.

"Hoy en día la soledad es el nuevo cáncer: algo vergonzoso, bochornoso, que tú misma te infringes si bien de un modo poco claro. algo temible e incurable, tan espantoso que no te atreves a mencionar; la gente no quiere oír la palabra en voz alta, por miedo a verse también infectada, o tentar a la suerte y que caiga sobre ellos un horror similar".

Honeyman se atreve a construir a un personaje fuera de lo común, que se salta todos los cánones, y le diseña un pasado en el que nuestra protagonista peregrina por distintos hogares de acogida sin llegar a encajar en ninguna parte. Un tema durísimo, casi tabú en nuestra sociedad, que aquí está siempre como trasfondo de la historia aunque la autora no se ceba en él. Ni falta que hace. Lo que importa es el ahora, una Eleanor que nos va a hacer reír, que nos va a emocionar y que amenaza con quedarse contigo, lector, por mucho tiempo.

Confieso que cuando la acabé sólo podía ponerle una pega: que Honeyman no nos hubiese regalado otras tantas páginas (unas quinientas habría estado bien) para seguir acompañando a Eleanor en su camino y ver hasta dónde puede llegar. Una lectura ideal para sacudirse el malestar y el miedo, para reír, emocionarse y pasar un muy buen rato.

lunes, 8 de enero de 2018

Leyendo (II)


 

¡Buenos días!

Lunes de vuelta al trabajo, que toca retomar con fuerzas y ganas después de un descanso navideño que me ha sabido a gloria.

Y no os quiero dar envidia, pero en lo que a lecturas se refiere, es difícil empezar mejor el año. Tengo entre manos "Respirar por la herida", de Víctor del Árbol, en mi propósito de rescatar libros de la estantería antes de comprar novedades. Y leo también "Los buenos", de Hannah Kent, una lectura que estoy dosificando para que no se me acabe. Dos pedazo de novelas, como veis.

¡Que tengáis una feliz semana!




Aún podéis participar en el sorteo navideño organizado por Letras, Libros y Más.
Hasta el 15 de Enero.
Bases.






En el blog Bookeando con Mª Ángeles, sorteo de un ejemplar de "El viento en la cara" de Saphia Azzedine.
Hasta el 2 de Febrero.
Bases.

viernes, 5 de enero de 2018

Reto Serendipia Recomienda 2018

El reto "Serendipia Recomienda" siempre ha sido uno de mis favoritos de la blogosfera, y este año también me gustaría formar parte de él. Gracias su propuesta del año pasado he leído dos novelas que me han encantado, así que a pesar de no haberlo superado, este año volveré a intentarlo.
Podéis acceder a las bases pinchando en el banner:


Y aquí, mis recomendaciones, con enlace a las reseñas.

- "Subsuelo", de Marcelo Luján.
- "La mala luz", de Carlos Castán.
- "El guerrero a la sombra del cerezo", de David B. Gil.

miércoles, 3 de enero de 2018

"El secreto de Marrowbone", por Sergio G. Sánchez.

Tras la muerte de su madre, cuatro hermanos deciden esconderse en una granja abandonada para protegerse y evitar que los separen. Pronto descubrirán que Marrowbone esconde un oscuro secreto entre sus paredes.

Jack, Jane, Billy y Sam son cuatro hermanos muy unidos. Con el fallecimiento de su madre, los hermanos temen que los separen y optan por esconderse en una granja abandonada, buscando de esta forma poder vivir en su mundo, bajo sus propias reglas y no bajo las que dicta la sociedad. El problema surgirá cuando en la misteriosa granja empiecen a descubrir que no todo es lo que parece. Las paredes esconden un sombrío secreto del que no podrán escapar.
Una novela llena de intriga, intensa y que consigue que el lector esté expectante en todo momento.


“El secreto de Marrowbone” es una novela que nace en el sentido menos habitual, siendo primero largometraje y publicándose después la versión escrita basada en el guión de Sergio G. Sánchez, que firma también la novela. Confieso que no he visto la película, que no tengo intención de hacerlo por el momento, y que por tanto, mi valoración se ciñe a lo que a mí me ha transmitido la novela en cuestión.

Sí algo quisiera destacar de ella sería una ambientación que, sin tener nada de novedoso, siempre me funciona: la tradicional casa gótica encantada. La mansión Marrowbone bien podría haber sido aquella Hill House que describía Shirley Jackson como una casa en movimiento, poblada de recovecos. Aquí, además, los espejos se tapan con lonas para ahuyentar a los fantasmas. Y en el salón, Jack, Jane, Billy y Sam han construido su propia fortaleza, acumulando bajo unas sábanas sus tesoros, convirtiéndola en un lugar seguro e inexpugnable. Los hermanos Marrowbone me han transportado a otra autora que, en mi caso, es una de las grandes culpables de mi amor por la lectura: Enid Blyton. Es imposible leer el pasaje de la playa sin recordar las expediciones de Los Cinco, sin añorar esa época.

En cuanto a la trama, creo que cualquier lector que frecuente el género verá pronto, demasiado pronto, por dónde van los tiros. Aún así, hay un buen manejo de la intriga y la información llega al lector en dosis adecuadas, pequeñas pero frecuentes, gracias en parte a la estructura de la novela, armada en capítulos breves. En mi caso, el hecho de haber adivinado pronto qué se escondía en el desván no ha sido un hándicap para disfrutar de la lectura.

El estilo del autor es, como os podréis imaginar, sencillo y directo. No olvidemos que venimos de un guión cinematográfico, y eso se nota en la forma de narrar, muy directa y visual. Las ilustraciones que acompañan al texto, en blanco y negro, me han gustado muchísimo. Creo que casan perfectamente con el tono de la historia y que captan con acierto los instantes más significativos de la novela.

Como veis, una lectura sencilla y muy entretenida que, quizá, peque de inocente para aquellos habituales del género, pero que agradará a cualquiera que disfrute de las historias clásicas de fantasmas.