miércoles, 16 de agosto de 2017

"Oso", por Marian Engel.


La joven e introvertida Lou abandona su trabajo como bibliotecaria cuando se le encarga catalogar la biblioteca de una mansión victoriana situada en una remota isla canadiense, propiedad de un enigmático coronel. Ansiosa por reconstruir la curiosa historia de la casa, pronto descubre que la isla tiene otro habitante: un oso. Cuando se da cuenta de que este es el único que puede proporcionarle algo de compañía, surgirá entre ellos una extraña relación. Una relación íntima. Inquietante. Nada ambigua. Gradualmente, Lou se va convenciendo de que el oso es el compañero perfecto, y emprende un camino de auto descubrimiento. En todos los sentidos. A pesar de las críticas que recibió por su controvertida temática, Oso ganó el premio Governor de literatura en 1976.




A veces me empeño en hacer cosas que no son las cosas que haría habitualmente. Como leer en pleno mes de agosto, con la cabeza funcionando a todo gas, una novela como "Oso", de Marian Engel. Una historia que es un viaje, no sólo a los paisajes de la hermosa Canadá, sino también al interior de Lou. No os asuste lo del viaje interior. O sí, más bien debería hacerlo. Porque el camino es bastante atípico, quizá excesivamente transgresor para según qué ojos. Todo dependerá de cómo tú lo entiendas.

La sinopsis desvela casi todo lo que ocurre, y sí, ocurre lo que podéis deducir. Hay una mujer y hay un oso, y una relación que se forja entre ellos y que a mí, aún a día de hoy, tras intentar digerir sus páginas desde mil ópticas, me sigue dejando en el limbo. No me ha escandalizado, no me ha asustado, no me ha producido ni miedo, ni asco, ni repulsión. Y no sé si eso debería preocuparme o la culpa hay que echársela toda a Marian Engel, que lo cuenta con una naturalidad y una belleza que cobran un mayor protagonismo que los actos en sí.

"Amaba al oso. Había en él unas profundidades que Lou no podía sondear, que no podía palpar ni destruir con los dedos del intelecto. [...] Era una enorme criatura viva, más vieja, grande y sabia que el tiempo, una criatura que por ahora era su criatura, pero que en el cualquier otro momento podría volver a su propio mundo, a su propia sabiduría."

En apenas doscientas y pico páginas, recorremos de la mano de Lou el trayecto que va de la bibliotecaria aburrida, frustrada, rígida, hasta la mujer que resurge en esa isla canadiense, entre libros y notas sobre osos, a base de transgredir las normas, a veces tan absurdas, que nos dirigen en el día a día. Aislada en la isla, la mansión del coronel se convierte en un fuerte, una trinchera tras la que Lou empieza a percibir que el mundo tiene otros colores, otros paisajes, menos cómodos pero más placenteros.

La prosa de Engel, como os decía más arriba, es en gran parte culpable de que seamos capaces de entrar en una historia como esta. Más allá de las escenas de Lou y el oso, narradas con una exquisita delicadeza, la autora canadiense se recrea en los paisajes de esa isla ficticia, en los colores del cielo y las aguas y la forma en que la luz incide sobre ellos, mientras desmonta y vuelve a montar a Lou, sin artificios. Me ha gustado especialmente la forma en que Engel echa el cierre a su historia, un colofón magnífico y muy coherente que, obviamente, os invito a descubrir por vosotros mismos.

Os invito a descubrir "Oso", a pesar de tratarse de una de ésas lecturas que por mil razones, no pueden recomendarse alegremente. Hay que sacudirse los prejuicios y querer viajar con Lou, querer hacerlo de verdad, a su ritmo, de la mano. 

lunes, 14 de agosto de 2017

Leyendo (XXXII)


¡Buenos días!

No es la primera vez que veis asomar por aquí a la autora Tana French, ni tampoco a los personajes que protagonizan mi lectura de esta semana: la detective Conway y su compañero de fatigas, Steve Moran. Ya reseñé aquí "Un lugar secreto", una novela que a pesar de los "peros", me dejó un regusto muy agradable, así que vuelvo a encontrarme con ellos en esta "Intrusión" que publicó Alianza esta misma primavera.

Me encanta la forma de narrar de esta autora y tengo que decir que estoy disfrutando mucho de la novela, que comparte con las anteriores que leí de French esa cadencia lenta, un peculiar manejo de la intriga y una sólida construcción de los personajes. Mucho me temo que acabaré recomendando también esta.

¿Qué leéis vosotros?



martes, 8 de agosto de 2017

"Desaparecido", por C. L. Taylor.



Cuando Billy Wilkinson, de 15 años, desaparece en mitad de la noche, su madre, Claire, se culpa a sí misma. No es la única en hacerlo. No hay un solo miembro de su familia que no se sienta culpable, y los Wilkinson están tan acostumbrados a guardar secretos entre ellos que la verdad no empieza a salir a la superficie hasta seis meses después.



Claire está segura de que sus amigos y su familia no tienen nada que ver con la desaparición. el instinto de una madre nunca se equivoca... ¿O sí?





¿Cuántas familias resistirían la desaparición de un hijo sin que se resquebrajaran sus cimientos? Ese es el planteamiento de "Desaparecido", de C. L. Taylor, una novela que apuesta por ir más allá del thriller puro y duro, del quién lo hizo y por qué, y pone el foco en los entresijos del núcleo familiar, ése que a todos se nos antoja de hormigón armado y que quizá, al final, no sea tan inquebrantable como pensamos.

Y es que transcurridos seis meses de la desaparición de Billy, el pequeño de los Wilkinson, la vida insiste en volver a su cauce habitual. Hay que retomar las obligaciones laborales, familiares, conyugales; hay que continuar bregando porque los medios de comunicación, sometidos a la última hora, no olviden al niño perdido. Y en medio de esa vorágine está Claire, la madre, la piedra angular de cada casa.

La mayor virtud de "Desaparecido", como os digo, es que sin abandonar la esencia del género, la del enigma sin resolver, sabe ampliar sus horizontes y ahondar en sentimientos como la pérdida, la soledad o la culpa. Especialmente en esta última. De forma inevitable, todos los que soportan la ausencia de Billy, se sienten al mismo tiempo responsables en parte. Y gracias a la narración en primera persona, a través de la que C. L. Taylor da voz a Claire, ahondamos especialmente en el rol de una madre que lucha ya no sólo por recuperar a su hijo perdido, sino porque su familia no acabe de desmoronarse.

"Me entran ganas de zarandear a mi yo de dieciocho años. Eso no era miedo. Hasta que no tienes hijos no sabes lo que significa verdaderamente el miedo."

La autora se esmera en construir unos personajes solventes, seres con volumen, que dependiendo de cómo miremos, percibiremos con más o menos sombras. Padres, hijos, hermanos con debilidades y miedos. "Desaparecido" nos obliga a enfrentarnos también, a los que somos padres, a la cada vez más difícil adolescencia, a la falta de conocimiento acerca de nuestros propios hijos, al miedo de todo padre a que haya algo más tras la actitud desafiante que muchas veces preferimos achacar a la edad. A través de Claire, entendemos (o recordamos) que el miedo adquiere una nueva dimensión cuando llegan los hijos, y que de nada sirve la sobreprotección, el castigo o el miedo permanente.

Como veis, ha sido una lectura que he disfrutado, que se sale un poquito de los raíles del thriller más convencional, y nos otorga una novela más pausada de lo que esperaba y también más compleja, especialmente en el plano emocional.

lunes, 7 de agosto de 2017

Leyendo (XXXI)


¡Buenos días!

¿Quién dijo que para el verano, lecturas ligeritas? Aquí estoy yo, enredada en dos lecturas que no me lo están pareciendo en absoluto. 

Por un lado, estoy leyendo "La granja" de Tom Rob Smith, una novela negra con un planteamiento que me encantó pero que aún no sé muy bien hacia donde quiere llevarme.
Y le ha llegado el turno también a "Oso" de Marian Engel, una historia controvertida y muy peculiar que todavía no sé bien cómo voy a digerir.

Os contaré mis impresiones ya en septiembre, pues aunque espero publicar alguna reseña que tengo pendiente esta semana, después me tomaré unos días para desconectar del mundo y coger un poquito de aire.

¡Felices lecturas!




En en blog de Las Inquilinas de Netherfield, sorteo de un ejemplar en papel más DVD de "Orgullo y prejuicio".
Bases.








En el blog Libros que voy leyendo, sorteo de "El peón del rey" de Alma Sampedro.
Bases.

martes, 1 de agosto de 2017

"Hija única" por Anna Snoekstra.

A sus dieciséis años, Rebecca Winter estaba disfrutando del mejor verano de su vida: ganaba algún dinero en un restaurante, tonteaba con un chico mayor y compartía confidencias con su mejor amiga. Hasta que empezaron a sucederle cosas extrañas, como notar una presencia en su dormitorio o sentirse observada. Pese a todo, Bec no fue consciente de lo que le iba a ocurrir... hasta que un día se esfumó sin dejar rastro.

Más de una década después, una joven asegura ante la policía ser la Bec desaparecida y pronto se encuentra viviendo su vida. Abrazando a sus padres. Aprendiendo los nombres de sus amigos. Jugando con sus hermanos pequeños. Pero quizá ni la acogedora familia ni los entusiasmados amigos de Bec sean lo que parecen. Porque mientras comienza a sumergirse en la personalidad de la auténtica Rebecca Winter, la impostora descubre que quien la hizo desaparecer aún anda suelto. Y ella puede estar en peligro inminente.

"Hija única", de Anna Snoekstra, atrapa desde la portada. Esos dos rostros, de facciones similares y gesto desafiante, pertenecen, suponemos, a Rebecca Winter, la joven desaparecida en 2003, y el de la impostora que se hará pasar por ella once años más tarde. Tal como promete la sinopsis, ambas compartirán el mismo hogar, los mismos amigos, y frecuentarán los mismos lugares. E inevitablemente, esa impostora está condenada a descubrir qué le pasó realmente a Bec antes de que acabe sucediéndole lo mismo a ella.

Mentiría si dijera que la novela me ha conquistado plenamente. Me ha resultado entretenida, pero reconozco que me cuesta cada vez más comulgar con la forma de vender este tipo de novelas. No estamos ante un debut deslumbrante, por mucho que lo diga The Daily Mail. La prosa de la autora es corriente, correcta y acorde con el tipo de historia que está contando, sin más. La trama se arma en dos líneas temporales, cosa que tampoco resulta especialmente novedosa, y ambos personajes están construidos con los elementos justos. Conoceremos algo más profundamente a la auténtica Rebecca y apenas sabremos nada de la impostora, en la que reconozco, me habría gustado indagar más. Las pinceladas que la autora da al respecto de su pasado se me antojan insuficientes para justificar lo que hace y el modo en que lo hace. Tampoco sabemos demasiado de los personajes secundarios, a pesar de que todos ellos exhiben algunas actitudes realmente inquietantes, que funcionan durante la narración pero que al final se quedan colgando, sin saber el por qué de muchas de ellas.

Quizá el mayor acierto de "Hija única" sea, a mi parecer, que se va volviendo más siniestra conforme avanza hasta llegar a un final que me ha gustado aunque no acabe de estar bien justificado. Pero es al menos diferente a lo que estamos acostumbrados. No explica, sin embargo, algunos de los pasajes que hemos ido encontrando por el camino, como ciertos elementos "sobrenaturales" que no encajan en la historia y de los que la autora podría haber prescindido sin variar un ápice el curso de la trama.

Si habéis llegado hasta aquí, supongo que tenéis la sensación de que la novela no me ha gustado. Y no es así, a pesar de las sensaciones que aquí recojo. Me ha resultado un entretenimiento efectivo, me enganchó y lo pasé bien leyéndola. Pero no ha resistido el reposo de un par de días, ese que a veces nos permite ver la historias con otra luz, volver atrás y ver cómo queda en conjunto. Y ahí, por más que miro, veo demasiados flecos colgando mientras que las buenas sensaciones se van diluyendo. No sé si a vosotros os pasa esto, que los días os hacen ver de otro modo las novelas que cerrasteis con una sensación determinada, pero ha sido lo que a mí me ha ocurrido con esta "Hija única".

miércoles, 26 de julio de 2017

"Los ángeles de hielo", por Toni Hill.

Barcelona, 1916. A sus veintisiete años, Frederic Mayol ha dejado atrás una vida cómoda en la esplendorosa Viena y la traumática participación en una guerra que sigue asolando Europa. Psiquiatra y seguidor de las teorías psicoanalíticas, se enfrenta a su futuro puesto en un sanatorio ubicado en un tranquilo pueblo pesquero cercano a Barcelona, un enclave perfecto para superar los horrores vividos en el frente. Pero la clínica y sus alrededores no resultan ser tan idílicos como pensaba. Las sombras de un siniestro pasado se ciernen sobre los ángeles que decoran la fachada del edificio, como si quisieran revivir los acontecimientos que sucedieron en la casa siete años atrás, cuando el lugar era un prestigioso internado para jovencitas de buena familia que cerró sus puertas después de un trágico incendio.


Atrapado entre el anhelo de desvelar el misterio que se esconde entre los muros del caserón y el amor que siente por Blanca, una de las antiguas alumnas del colegio, Frederic deberá enfrentarse a una perversa historia de obsesiones y venganzas hasta llegar a una revelación tan sorprendente como desoladora. Porque la verdad, aunque necesaria, no siempre supone una liberación; a veces incluso puede convertirse en una nueva condena.

De Toni Hill había leído su trilogía protagonizada por el inspector Salgado, una trama puramente policíaca de la que disfruté mucho en su momento. El año pasado, cuando se publicó “Los ángeles de hielo”, me sorprendió muchísimo el giro del autor hacia la novela más gótica y oscura y quise comprobar por mi misma qué tal se desenvolvía en este nuevo terreno. Aunque el libro ha esperado más de un año en la estantería, al fin este verano he encontrado el momento para leerla, y debo decir que ha sido una grata experiencia, aunque con algún “pero”.

Imagino que es difícil y arriesgado montar una novela de esta envergadura sobre las bases de un género cuyos espacios han sido visitados tantas veces antes. El internado para niñas bien de principios de siglo ha sido ya mil veces escenario de espeluznantes historias, así que hay que aplaudir a Hill por acomodarse, con tanto acierto, es un lugar a priori tan trillado. A través del diario de Águeda, directora del centro, iremos conociendo los avatares de las niñas y profesores que lo habitan, una convivencia que se verá alterada por la llegada de Griselda, una alumna extraña e inquietante. Ha sido esta mi parte favorita de la novela: a través de la narración en primera persona y la ambientación del lugar, Hill consigue ponerte la piel de gallina en más de una ocasión, y recurre de nuevo con acierto al clásico recurso de hacernos dudar del narrador, al estilo de Henry James en “Otra vuelta de tuerca”.

Se alternan estos capítulos con otros narrados por un narrador omnisciente, protagonizados por Frederic Mayol, que trabaja como psiquiatra en el sanatorio mental que unos pocos años atrás albergó el internado.  De esta parte, me quedo sin duda con los personajes secundarios que pululan por el sanatorio, especialmente con un par de pacientes que resultan de lo más siniestros.

Muy cuidada resulta también la ambientación que hace de telón a esta historia, ofreciendo pinceladas de una Barcelona de principios de siglo en la que conviven las inquietudes intelectuales y el miedo a una guerra que ya ha empezado a hacer estragos en Europa, especialmente en Viena, donde vivió Mayol antes de su llegada a la ciudad condal.

A pesar de su larga extensión, la novela se lee con fluidez, la prosa de Hill es cómoda y sencilla y la trama es tan compleja que siempre anima a seguir leyendo a pesar de alguna pequeña bajada de ritmo. Sin embargo, al alcanzar la última parte, la novela busca un último giro imposible que, al contrario de lo que pudiera parecer, resulta previsible y hace que se pierda el interés justamente cuando la trama debería estar en su punto álgido. Un desenlace que me ha dejado un sabor agridulce.


No sirve ese final, en todo caso, como menoscabo para una novela bien armada, bien narrada y con un elenco muy interesante de personajes. Una novela que se agarra al juego de hacernos dudar entre distintas percepciones de la realidad, entre la cordura y la locura, para regalarnos unas horas de estupendo entretenimiento.

lunes, 24 de julio de 2017

Leyendo (XXX)





Buenos días.

Esta semana estoy leyendo "El dolor que nos une" de David Mark. Es una novela de la colección policíaca de Siruela, la tercera de la saga protagonizada por el sargento McAvoy. Voy un poco a ciegas porque no he leído ninguno de los anteriores y no tengo referencia alguna, pero el sábado estuvo de oferta en kindle y me hizo tilín. Por el momento muy entretenido y sin dificultades para seguir el hilo, o sea que puede leerse cómodamente de forma independiente.

A lo largo de la semana espero traeros mi reseña de "Los ángeles de hielo" de Toni Hill.

Y vosotros, ¿qué leéis?







Tercer sorteo del mes Austen en el blog de Las Inquilinas de Netherfield. Esta semana "Mansfield Park".
Bases.